Reyes del cincuenta y uno

 

Observa y escucha.
..........De pie junto al ventanal, tiradores oscuros que le bajan desde los hombros, repeinado y en mangas de camisa, el hombre observa el último tramo de calle que se mezcla ligeramente con la noche. Y escucha, sin dejar de observar, la radio: la voz entusiasta del locutor.
..........Escucha:
.............amigos de LR1 Radio El Mundo, y la gran cadena de emisoras de todo el territorio nacional que se entrelazan en esta velada plena de emoción de la Cabalgata deportiva Gillette...
..........Había sido un día raro, lleno de sensaciones contradictorias, con un informe clínico en el centro de todas esas contradicciones. Había sido un día caluroso, con un calor de esos que se te pegan a la piel, que se te pegan desde que te levantás y que no te abandona nunca, ni siquiera cuando cerrás los ojos y después de mil vueltas te terminás quedando dormido.
..........Escucha:
…nieva copiosamente en esta grandísima metrópolis, un manto blanco cubre avenidas y calles...
..........Un día contradictorio.
..........Si llegara a ser verdad, cómo mierda se lo digo, pensará el hombre.
..........Pero lo pensará mañana. O dentro de un rato, cuando termine la pelea y camine hacia el dormitorio donde su esposa, agotada por tanto trabajo y cierta responsabilidad añadida, ya descansa boca arriba, medio desnuda y con el pelo suelto.
..........Escucha:
…un cordial saludo desde el centro mundial del pugilismo: el Madison Square Garden de Nueva York...
..........Cómo mierda se lo digo, pensará el hombre.
..........Mañana.
..........O dentro de un rato.
..........Si no fuera por la voz entusiasta del locutor, por el anuncio del inminente comienzo del combate, el hombre estaría menos tenso pero bastante más afligido. Si no fuera por la voz que sale como un látigo desde el parlantito de la radio, el hombre estaría pensando en la conversación con el médico, una conversación llena de malos presagios, escueta y demoledora.
..........No estaría ahí, junto al ventanal, algo errante y todavía vestido.
..........Tal vez ni siquiera estaría despierto.
..........Pero quiere escuchar la pelea. Claro que sí. Le gusta el boxeo. Le gusta desde siempre y esta noche más que nunca porque confía en el triunfo. Porque hace quince días, diríase que murmura el hombre, el otro negro duró cuatro rounds. Confía en el triunfo, sí. Lo necesita, además. Necesita que el campeón del mundo quede seco contra la lona, que los gringos se vuelvan locos de envidia, que sufran en sus propias narices la fuerza de un pueblo justo, libre y soberano.
..........Observa y escucha y piensa.
..........Observa la calle, la ciudad medio desierta, y escucha. Y piensa en todos los otros barrios, no en este barrio de copetudos sino en los otros, donde la gente estará metida en sus casas, cerca de alguna radio, cagándose de calor pero acompañando a su ídolo, pendientes de la narración entusiasta y seguros, como él, del triunfo.
..........Escucha:
...a poco minutos del combate que sostendrán el Tigre puntano, el argentino José María Gatica, y el legendario monarca de la categoría Ike Williams...
..........De pie junto al ventanal, la calle Austria medio desierta, el hombre se desabrocha lentamente un botón alto de la camisa. Y se detiene. Acaricia el botón, lo estruja. Y se detiene.
..........Escucha:
…cuando en este instante, amigos de LR1 Radio El Mundo, hace su aparición el presentador de la velada…
..........Después, con la vista en el último tramo de la calle, siempre de espaldas a la radio, se desengancha los tiradores: los deja caer a un acostado: los tiradores cuelgan de su cintura. Ahora se siente un poco menos tenso. Pero está el calor, que no cesa ni siquiera con la noche.
..........Escucha:
…ladies and gentlemen…
..........Ya no le importan los rumores de que Gatica no se estaba entrenando como debería. O de que ni siquiera se estaba entrenando, que se la pasaba de joda, chupando y sin dormir, que por la habitación del hotel entraban y salían, a cualquier hora, mujeres de todos los colores, aunque el Mono lo niegue, y se enoje mucho y grite y diga, enojado y a los gritos, que son todas mentiras.
..........Ya no le importa eso.
..........Y prefiere no pensar en la conversación de esta mañana con Cárdenas, eminencia de la medicina argentina, amigo personal desde los tiempos del Liceo. Prefiere no pensar en eso.
..........Escucha al locutor diciendo que Gatica sube al ring ante un silencio inimaginable en Buenos Aires. Después, de fondo, palabras en inglés que anuncian a Williams. Después, de fondo, todo el Madison Square Garden aclamando a su campeón.
..........Y después, un silencio mínimo. Un fantasma. Como si el locutor no hubiera podido reprimir la angustia. Como si el locutor, siempre entusiasta, de pronto hubiera tragado saliva. Gatica estaba solo. Solo como nunca lo había estado. Solo en medio de ningún cantito. Solo sin el oh oh oh del Luna Park.
..........El hombre sabía que el Tigre puntano estaría solo. Y que la gente de los barrios bajos esperaba todo de él.
..........De él. Y de Gatica.
..........Y prefiere no pensar en lo que le dijo Cárdenas a media mañana. Pero cómo evadirse de semejante desgracia, porque Cárdenas es su amigo y por nada del mundo le diría algo así de no estar completamente seguro.
..........Si Cárdenas tiene razón, cómo mierda se lo voy a decir, pensará el hombre mañana o dentro de un rato. De dónde voy a sacar las fuerzas, pensará. Con lo jovencita que es y con todo lo que sufrió desde que Dios la trajo al mundo, pensará.
..........Y pensará en aquel primer desmayo. El de hace casi un año. Y pensará que si volviera a pasarle, otro desmayo o cualquier indisposición, le pedirá y hasta exigirá que traslade su oficina acá, a la casa. Eso pensará el hombre.
..........Mañana.
..........O dentro de un rato.
..........Y pensará que Gatica es un chiquilín. Y pensará que es arrogante y desfachatado y peronista.
..........Entonces suena la campana: un estruendo fervoroso cubre la voz del locutor. Dura poco.
..........Ese estallido de fervor.
..........Cómo ruge la leonera, dice el hombre sin mover los labios, sin siquiera mover el cuerpo, con la ciudad y la noche de Reyes recortada tras el ventanal que da a la calle Austria.
..........Escucha:
…primeros avances del Tigre puntano decidido a tomar la iniciativa. El árbitro observa las acciones detenidamente. Williams retrocede. Gatica arremete con un gancho de izquierda a la cabeza del campeón, que parece no acusar el impacto. Retrocede Gatica. Vuelve a la carga. Izquierda, derecha, izquierda...
..........Le gustaría decir dale dale monito pero no lo hace.
..........Escucha:
…terrible gancho a la mandíbula y Gatica se va al suelo...
..........Entonces el hombre, por primera vez, se gira y sus ojos negros apuntan a la radio. Los tiradores colgando desde la cintura, el pelo brillante y repeinado hacia atrás.
..........Esperá, esperá que cuente hasta nueve,
..........dice.
..........Y lo dice como si se lo dijera al oído. Como si lo tuviera a Gatica a ahí mismo y quisiera confesarle un secreto. Se lo dice como se lo diría al hijo que nunca tuvo.
..........El relator cuenta. El árbitro cuenta. El relator dice uno, después dice dos, y después tres. Y después dice que Gatica se levanta valiéndose de las cuerdas. Pero que está apabullado, dice.
..........Escucha:
…el árbitro examina los guantes del Tigre puntano. Le hace un gesto con las manos. Se aparta. Gatica no termina de armarse y el campeón arremete sin piedad. ¡Devastador uppercut de izquierda al mentón de Gatica! ¡y otra derecha a la nariz del argentino…!
..........El hombre, ahora junto a la radio, de frente a ella, imagina los golpes de Williams mejor que si los estuviera viendo. Ya hay sangre saliendo de la nariz golpeada, escucha. El relato se torna desquiciado: una multitud aclama la segunda caída de José María Gatica cuando apenas si transcurrió un minuto de pelea.
..........Ruge la leonera.
..........Escucha:
…tres, cuatro, cinco, seis…
..........El hombre, la camisa desabotonada hasta la mitad, las manos encima del mármol donde está apoyada la radio, los brazos tensos, los ojos negros hipnotizando el parlante que ruge y ruge.
..........Le gustaría decir parate mono parate pero si lo hace no se le oye.
..........Lo que sí se oye es al relator diciendo que el Tigre puntano consigue pararse pero que está totalmente grogui. Y que Williams no perdona porque le suelta una serie de volados de izquierda y duros rectos de derecha que impactan en la cabeza del argentino.
..........El hombre, de cara a la radio, cierra los ojos. Los aprieta, más bien.
..........Entonces escucha:
¡…Cayó Gaticaaaa…!
..........Y escucha, también, a la multitud enloquecida.
..........La voz. Los rugidos. Y cada uno de los números que aproximan el nocaut.
..........Diez.
..........Nueve, en realidad. Porque después de ese número ya no se oyó más que el griterío pisando la voz del relator.
..........La puta que te parió,
..........dice.
..........Y apaga la radio. Y al apagarla deja, un instante, sus dedos sobre la perilla redonda del aparato. De pronto el silencio lo aturde. Y no consigue calcular cuánto tiempo duró la esperada pelea en el Madison Square Garden de Nueva York. Mira el reloj. Todavía no es consciente de que todo ocurrió en el primer asalto.
..........Caerá en la cuenta mañana.
..........O dentro de un rato. Después de acostarse, cuando le será imposible conciliar el sueño en la calurosa noche de enero.
..........Con lo tiradores colgándole de la cintura, lentos los pasos y una horrible sensación de haberle fallado, él y no Gatica, a todos y cada uno de los argentinos, el hombre llega al dormitorio donde su esposa duerme boca arriba, el pelo suelto y medio desnuda.
..........La observa desde el quicio de la puerta. Reconoce su figura en la penumbra. No quiere despertarla.
Se queda inmóvil.
..........Y piensa, inmóvil, que esa mujer es demasiado joven como para que Cárdenas tenga razón. Y que sufrió tanto de chica. Y que luchó tanto para llegar a donde llegó. Y sin dejar de observarla, boca arriba, el pelo desparramado sobre la almohada, no sabría decir quién la quiere más, quién la necesita más: si él, Juan, su marido, o el resto de la gente. De toda esa gente. Del pueblo entero que esta noche de Reyes sufrió la peor derrota de su ídolo, la más humillante y verdadera.
..........—Negrita, ¿estás dormida?
..........Toda esa gente. Sus descamisados.


publicado en «12 round, cuentos de boxeo». Ediciones Lea, Buenos Aires, 2012.

 

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