La otra

 

—Esa que está parada ahí.
no digas que no Emilse no digas que sí tampoco no digas nada de nada para qué si es lo mismo a veces un sí un no un silencio una lágrima que baja hasta el silencio
..........—La de anteojos negros.
es casi casi lo mismo Emilse y no tiene sentido que lo niegues o que lo afirmes nada tiene sentido porque de alguna manera siempre lo supiste no sé para qué te digo esto si vos no me podés ayudar si vos vas a estar siempre de ese otro lado siempre de ese imposible costado que te ciega que te amordaza que te impide y yo de ese otro nunca legal ni mucho menos válido o respetable
..........—Ésa, la teñida.
vos con tus hijos ahora (Lola te da un pañuelo te lo alcanza te lo acerca insiste con que lo uses tomá mami tomá) vos con tus hijos queridos o que te quieren como buena madre que sos (Ignacio tu hijo varón tan mimado y alabado vanagloriado Ignacio Nacho el brazo por encima de tus hombros) vos arrullada por el calor de tus hijos que fueron alguna vez mis hijos Emilse me da un poco de pena verte llorar desconsolada pero no siento ningún sentimiento parecido a la culpa porque años más años menos siempre lo supiste o lo sospechaste o lo intuiste que para el caso vendría a ser lo mismo porque siempre es lo mismo
..........—Ésa.
yo tu fantasma tu descuido tu indolencia tu lagrimita seca de las tardes en que Juanjo apenas te saludaba y mentía y ocultaba y se iba nervioso por aquella puerta para ir a mi encuentro ay vos mi eterna certidumbre mi maldición mi pesar de cada día de cada hora ese saber concreto de que si Juanjo no estaba conmigo entonces el padre ejemplar el beso en la mejilla al regresar de la oficina qué hombre tan atareado no es fácil llevar adelante una empresa como la que lleva las mujeres de antes eran así Emilse eran la cena servida puntualmente el almuerzo servido puntualmente la casa en orden el plumero a mano el incienso flotando entre los rencores de ropas bien planchadas la cama hecha con pulcritud la cama las sábanas el blanco de las sábanas el ubicarte debajo de él boca arriba nada de cosas raras aunque siguiera avanzando y te lo pidiera el cuerpo o un marido que sí avanzaba con el mundo nada de porquerías ni piruetas ideadas por Satanás ni eso dentro de la boca Dios mío queriendo entrar abrir perforar doler donde no debe claro las porquerías me las hacía a mí a la que soñaba con ser vos plumeros y tacitas ordenadas en el aparador a mí Emilse no a vos claro porque es lo que digo las mujeres de antes eran así de santas así de vírgenes así de ilusas y educadas y no quiero decir sumisas pero vivían de las migajas del silencio del cuidadito todo tan cercano a la servidumbre al agachar la cabeza al no digas no pienses en voz alta el qué dirán sobrevolando las miserias y los relojes
..........—Ésa, ¿la ves?
antes era así Emilse antes tenía una que meter muy seguido la cola entre las piernas ampararse en la mudez que es hermana melliza del miedo y seguir para adelante caiga quien caiga y cueste lo que cueste y todas íbamos con esa aureola de mentiritas que lejos de iluminar nos aclaraba el camino hacia la desdicha la cola entre la piernas Emilse yo a mi modo y en mi mundo vos a tu modo y en tu casa y qué importa si hoy tiene una reunión de trabajo impostergable pobre ángel mañana será otro día porque la vida entera era eso la casa los hijos las compras la comida la suegra el vecino la limpieza y un esposo que pegaba cuatro gritos y todo volvía a su sitio todo normal acá no pasó nada de nada
..........—No, no: la que está a la derecha de Francisco. Ahí atrás. ¿La ves?
odiame si querés Emilse odiame mucho con todo tu corazón apretando la cara contra la almohada ódiame pero no me prohibás que te tutee ni que te recuerde ni que te explique cuántos pares son tres botas me gustaría confesarte que yo también lo amé que yo también lo acaricié de noche y de tarde y de mañana tal vez poco de madrugada puesto que se puede ser buen esposo cuando la madrugada duerme cuando el músculo duerme y la ambición descansa y no exige ni contempla o solicita confesarte que yo también lo tuve acá cerca adentro encima debajo en el pecho y en la boca y que lo respiré profundamente hasta en los sueños que yo también Emilse que yo también y por eso tengo el derecho y puedo llorarlo ahora hoy esta tarde porque lo amé acaso tanto como lo hiciste vos durante treinta y cinco años
..........—Ésa.
decírtelo me gustaría decírtelo tenerte delante de mí que me mires que me reconozcas que me observes que nos miremos como amigas íntimas como conocidas o compañeras o algo no sé no me importa como qué como algo que nunca fuimos que nunca seremos pero me gustaría mucho que nos escuchemos como lo hacen dos hermanas o dos amigas del alma con ese inicial candor hasta que vos o yo o las dos de una vez por todas conozcamos el rostro plácido de nuestro singular fantasma
..........—Ésa, la que se esconde.
claro que me gustaría que eso sucediera cualquier día o en este mismo instante hoy esta inolvidable tarde de finales de marzo mientras llorás desconsolada abrazada por Ignacio por Nacho que te pasa un brazo juvenil por el contorno del cuello Ignacio tu hijo mayor que también fue mi hijo mayor alguna vez alguna noche o tarde o mañanita de primavera no de otoño como ésta no gris como ésta sino otra cualquiera cuando Juanjo recostado fumando la cabeza contra el respaldo de nuestra cama fumando la vista perdida tras la humareda del cigarrillo me dijo Nacho lo sabe estoy seguro y yo me puse un poco o un mucho nerviosa un mucho sí y creo que le pregunté si Nacho no iría a vos con el cuento y entonces Juanjo creo comentó vagamente que eso no iba a suceder que no iba a pasar pero que no estaba convencido ni mucho menos él me apoya en todo pero es la mamá entendés
..........—Mirá, ahora se puso entre Ferrari y Luque, ¿la ves?
también fue nuestro hijo mayor alguna vez Nachito por eso de tanto en tanto me busca con la mirada me rastrea con sus ojos claros cuidando que vos no te percatés del intento de ese hijo mayor que tenés y que alguna vez tuve yo cuando las primaveras
..........—Ésa. La que hace que no mira pero mira. Qué bien se mantiene.
tus hijos queridos fueron alguna vez también mis hijos queridos no adoptados ni emulados ni disfrazados sino hijos queridos y ya está mis hijos queridos de toda la vida los que nunca pude tener con nadie y menos que menos con Juanjo porque ese tema Dios me libre se ponía como loco y yo sabía que se le agriaba la voz y más el carácter que se le desfiguraba el rostro con eso de los hijos que no fueron porque te quería Emilse porque te quería creo incansablemente
..........—¿La ves o no?
yo mejor que nadie puedo asegurarte lo mucho que él te quería y sin embargo tantos años conmigo junto a mi cuerpo a mis manos y mis caricias siempre apuradas unos labios abiertos que esperan sus manos prendadas recorriendo mis piernas mis senos que no son los de ahora mi pelo suelto que no es el de ahora el de hoy y ya nunca más volverá a ser el de antes
..........—Y ya pasó los cincuenta, querida. Hay que ver lo que son las cosas.
algún día nos sentaremos frente a frente y te contaré lo que sentí cuando me enteré de que quedaste embarazada de Lola Nachito cumplía trece años ese invierno está embarazada me dijo Juanjo y fue como si me diera un mazazo en la cabeza como si me abriera en canal
..........—Hay que ver.
y vinieron nueve meses de angustia porque vos ya estabas pisando los cuarenta y a quién se le ocurre quedar embarazada a esa altura del partido Emilse (todavía es una nena Lola mirala los ojos o los párpados hinchados pero si es la cara de la madre tu cara Emilse tu rostro casi cuarenta años más joven) algún día te voy a contar lo que sufrí en esos nueve meses algún día lo vas a saber lo necesito lo necesitarás eso y otras cosas más otras cosas que sólo sabe sentir y abrigar una mujer que no puede clamar con todas las de la ley las alegrías que vos sí podías clamar o expresar del modo que se te ocurriera ay pero la pasión de Juanjo pasión lo que se dice pasión el desenfreno eso siempre fue mi terreno Emilse aunque ahora lloremos a la par al mismo hombre vos sabés y si no sabés deberías empezar a saberlo Juanjo no era el mismo hombre acá que allá no lo era porque ciertos ardores aunque impuntuales y mezquinos y egoístas una vez que se manifiestan se quedan en ese lugar contra viento y marea Emilse
..........—Yo me lo olía. Qué querés que te diga.
después de todo tu nombre siempre estaba entre Juanjo y yo flotando todo el tiempo de un modo literal o abstracto no sé y él podía pronunciarlo y nombrarte y decir Emilse en cualquier momento así como así y yo tenía que oírlo y hasta prestar atención también en cualquier momento o fingir que me daba igual el sonido de tu nombre durante veintiún años Emilse esto Emilse lo otro Emilse Emilse Emilse hasta que un día no soporté más y entonces Juanjo empezó a nombrarte un poco menos y después un poco menos y menos hasta que ya casi ni te nombraba y yo para ese entonces soñaba con realidades que al final ya sabés adónde fueron a parar
..........—Te dije que iba a venir. Te lo dije.
la mañana en que nació Lola me obligó a llevarte un ramo de flores al sanatorio porque era la mejor coartada decía él pero en la habitación todo ese extraño gentío qué nervios familiares o empleados de la empresa o empresarios más o menos amigos o compinches nadie me conocía nadie sabía quién era yo salvo la secretaria de Juanjo condenada al silencio perpetuo porque a la primera palabra él la hubiese puesto de patitas en la calle sin miramientos y entonces nunca dijo ni mu aunque ahora y desde que llegué esté clavándome la mirada igual no va a decir nada nunca porque seguirá honestamente la cláusula tácita de su contrato de trabajo por Nacho por vos por Lola y por su propio pellejo pero sobre todo por lealtad a Juanjo por respeto a la inquebrantable voluntad del jefe de toda la vida
..........—¿La ves o no la ves? La de pollera tubo. La que se esconde. Ésa.
no dirá nada nunca ni una palabra ni una alusión ni ninguna de esas frases que una mujer suelta como quien no quiera la cosa aunque ahora hoy esta tarde gris de un marzo que se va estará pensando ahora mismo cualquier cosa de mí la veo cuchichear con otra mujer que no conozco sin dejar de mirarme de clavarme la vista pensará o le estará diciendo a esa otra que soy una descarada una atrevida una sinvergüenza por haberme presentado por estar parada acá sin ton ni son estará diciéndole (como si de verdad no tuviera ton ni son mi presencia Emilse) importándome seguro estará diciéndole un pepino el llanto desconsolado de la viuda tu llanto Emilse que exactamente ahora se incrementa en buena medida porque empiezan a bajar a Juanjo y entonces tus hijos que alguna vez fueron mis hijos te sostienen a dúo porque claro están metiendo el cajón en la oscuridad terrosa del foso en la penumbra de cuatro metros de hondo que pronto quedará oculta tapada cubierta y escondida y tu llanto de flamante viuda comienza a tornase muy de a poco en un rezongo y otra vez llanto y vuelta al rezongo apagado pero vigente musitado pero muy en vigor Emilse ese lloriqueo es además dolor dolor del de verdad y rezo y desazón y también calvario o abatimiento y suplicio ese dolor tuyo y este dolor mío se percibe y se trasmite se hace más fuerte y no se borra porque no es posible borrarlo lo veo en los ojos bien cerrados de Lola en los ojos bien cerrados de Ignacio en tus hombros que sostienen ahora el peso de sus cabecitas que se apoyan sin notarlo acaso en los huesos de tu clavícula de mamá querida y yo siento como un mareo porque pensar que ahí adentro en ese ataúd lustroso brillante como marmóreo y espléndido a la vez ahí adentro pensar que se quedará para siempre lo que fue un ser humano los restos dicen un ser humano que tuvo nombre y apellido y una vida y a lo mejor vaya uno a saber cuántos sueños y fantasías no cumplidas o postergadas y ahora todo eso quedará impune o mejor pendiente aunque el aplazo sea para siempre igual que la oscuridad del foso en donde están metiendo el cuerpo de un hombre que fue mi hombre que con ese cuerpo me dio tanto placer y goce a cambio de los mejores años de mi vida y no fue sólo placer o deleite Emilse fue mucho más mucho pero mucho más y ahora las dos sentimos el quebranto la pérdida de todas esas cosas que se van con una persona cuando deja carnalmente de existir la muerte siempre será más fácil de sobrellevar para el que se muere Emilse a que sí los que quedamos lo sabemos perfectamente y por más lenta cruel interminable agónica despiadada tonta injusta buena mala o innecesaria que haya sido la muerte a nosotros nos queda el peso y la zozobra o lo que es peor el recuerdo quiero decir el recuerdo no de la muerte sino de la vida del que ya no está y ahora mientras te veo llorar y aferrarte a un pañuelo estrujado entiendo muchas cosas porque a mí también me pasa algo parecido yo también siento como vos que te lo meten ahí en ese pozo de mierda oscuro y soez y nadie puede nadie ni yo ni vos misma sonándote los mocos nadie ni Lola que grita con la boca abierta mientras Nacho la sostiene porque todavía es una nena mirala nadie puede impedir que lo metan ahí Emilse nadie
..........—Si es que fue un gran hombre. Que en paz descanse.
miralo a Nacho Emilse mirá a tu hijo mayor cómo trata de buscarme entre la gente cómo apoya sus ojos que son como los de Juanjo en mi silueta y desde esta mirada lánguida me habla sin necesidad de utilizar la voz me dice cosas con miedo o prudencia o tal vez discernimiento igual que aquel mediodía en Montevideo exactamente en la esquina de Agraciada y General Flores claro tantas veces fuimos al Uruguay tantas escapadas de lunes o de martes aunque nunca de viernes ni sábado ni menos que menos domingo tantas veces cruzamos el charco juntos para que Juanjo arreglara sus asuntos sus cuentas bancarias y después dar unas vueltitas por ahí de la mano o abrazados como si fuéramos eso que nunca pudimos ser porque en Buenos Aires él era muy precavido y había que tener cuidado no sea que en una de ésas Emilse pero esa vez Nacho vino con nosotros porque quería conocer la ciudad y porque ya iba siendo hora de que me presentara y Juanjo tenía el temor dibujado en el rostro aquel mediodía recuerdo porque lo habíamos ensayado mil veces pero no era lo mismo tenerlo a Nacho sentado de verdad en la mesa con nosotros sabiendo de antemano quién era yo porque Juanjo así lo había querido y cuando se le ponía algo en la cabeza no había Dios que pudiera quitársela o convencerlo de que mejor en otra oportunidad de que mejor no mi amor
..........—Yo te avisé de que iba a venir. Ayer, en el velorio, ¿te acordás?
y las manos transpiradas de los tres o al menos sí las mías y Nacho que ya había cumplido los veinte o por ahí andaba me miraba de reojo mientras Juanjo y yo hablábamos pavadas y nos reíamos sin ganas o fingiéndolas para poder superar ese momento de yeso ese submarino que terminó helándose porque Nacho ni lo tocó y entonces supe Emilse quién era su verdadera madre y las cosas que puede llegar a hacer un hijo que ama a su padre casi tanto como lo amé yo o como lo amaste vos aunque cualquiera sabe que son amores de diferente tonalidad cualquiera sabe eso Emilse
..........—Por fin la viste, querida. Por fin. Es que vino tanta gente…
cualquiera sabe todo esto que me gustaría decirte Emilse decirte confesarte él ya no estará en nuestras camas ya no ya no y sin embargo Emilse ay Emilse ese dolor tuyo es como si estuviera clavado en mi vientre
..........—Bueno, ésa es la famosa Marga, sabés.
..........—¿La otra?
aunque jamás volveremos a tenerlo somos lo que somos y por eso masticaremos siempre esa parte que no puede olvidar que no puede hacerlo.


publicado en «El Fungible. Especial relatos 2006». Punto de Lectura, Madrid, 2006.

 

 

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